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Reflexiones

Sentando Cátedra

Existe una clase especial de personas que se creen en posesión de la verdad absoluta y del conocimiento del “destino”, aunque no lo llamen destino, lo cúal es un poco contradictorio, por que si el destino no existe, pero alguien afirma que un hecho va a suceder por narices, a eso ¿Cómo se le llama?

En fin, la cuestión es que hay personas que, gratuitamente y sin que nadie les de vela en el entierro ni les pida su opinión, se adjudican el derecho, no sólo de opinar sobre la vida de uno, sino también sobre su futuro, de forma categórica e inamovible; vamos, que sientan cátedra, llegando, incluso a afirmar saber lo que la otra persona quiere o deja de querer; con lo que, a mi modo de ver, dejan de ser objetivas, por que proyectan sus propios miedos y deseos sobre la otra persona.

Todo esto viene a cuento de que no hace mucho, alguien afirmó saber cuales eran mis deseos a propósito de determinada cuestión, que si bien, las circunstancias no son las mejores, no quiere decir que no sea algo deseado. Y es que estoy embarazada, de dos meses, tengo al que, posiblemente, sea mi último hijo creciendo dentro de mi y, puedo asegurar, pese a que las circunstancias económicas no sean las mejores, que es un hijo deseado desde casi antes de nacer Adrián, por que siempre supe que quería que Adrián tuviese un hermanito mas o menos de su edad, para que no se criase como hijo único igual que Antonio, que tenía 11 años cuando se convirtió en hermano mayor.

Así, que a estas alturas de mi vida, alguien venga a decirme que yo no quiero estar embarazada (independientemente de que esté o no acojonada) y que sólo son 18 células que no voy a hechar de menos y que, encima, los argumentos que use para animarme a deshacerme de ellas, sean tan manidos como tener un hijo adolescente que está en mala edad… Es que no me produce dudas, ni miedo, me produce un cabreo de tres pares de coj… Narices. Y que, encima sienten cátedra a propósito de lo que yo quiero y de los compromisos adquiridos con mis otros hijos, me cabrea todavía más. Sobre todo viniendo de alguien, que a pesar de ser “profesional de las mancias” no ha dado una conmigo, ni siquiera me conoce, ni a mi ni a mis circunstancias; baste decir que cuando nos conocimos, hace tres años, creyó que era madre soltera y que mi reciente embarazo era fruto de un desliz…

Y es que no se puede estar tan pagado de si mismo, de vez en cuando, hay que callar y escuchar.

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Florida

Últimamente parece que vivo en La Florida, porque hasta mi día libre me lo estoy pasando allí. Espero, por fín, terminar mañana por la mañana con todos los papeleos de la gestoría y disfrutar de un día libre de verdad para la semana que viene, porque le estoy cogiendo tirria a esa bendita calle, que no se ha metido conmigo para nada, salvo para ofrecerme trabajo; gracias a Dios por los pequeños favores (cita de Stephen King que he hecho mía hace mucho tiempo).
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Quema de brujas

Aún queda gente que cree que las brujas deberían ser quemadas, que nos lucramos con las desgracias ajenas y que piensa que los jueces, abogados y medicos son personas muy equilibradas y coherentes, por lo que nunca serán alcoholicos ni consultarán un tarot…
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Promethea, alias "Cometa"

Olga me llama “cometa”, dice que soy como un cometa, corriendo, siempre adelante, sin detenerme, quizá por eso me siento tan cansada a veces. Pero ella me dice: “Yo me subo en tu estela, con el empuje que tienes a ver quién te dice a ti que no; conseguirás lo que quieras”. Y yo la creo, por supuesto, poque soy más cabezota que una mula y basta que me digan que no puedo hacer algo, para que lo haga y mejor que nadie, de tanto empeño que le pongo.

Olga dice que por donde paso arraso, que dejo huella, como los cometas y compadece a quien tenga la osadía de intentar interponerse en mi camino, porque lo fulmino como el rayo; y es que soy como Atila, por donde yo paso no vuelve a crecer la hierva… En fín, no será para tanto.

Pero me gusta, me gusta eso de ser cometa, como una estrella fugaz.

De todas formas, a veces, me faltan las fuerzas y me siento decaer, pero también son momentos fugaces. He tenido que volver a la hostelería y me consuelo pensando que es algo temporal, que mi empresa subirá como la espuma el año que viene y que me centraré ahí otra vez; es mi sueño y no pienso renunciar a él. De todas formas no está siendo tan terrible como creí que sería, lo más dificil fue tomar la decisión de volver a trabajar en una cafetería, el resto se puede traducir en nuevas experiencias. Lo cierto es que todo esto me está sirviendo para darme cuenta de lo mucho que he cambiado en este tiempo y para ponerme en movimiento, ya que me encontraba muy estancada. Pero ahora es muy tarde, y ya no tengo ganas de seguir escribiendo, prefiero irme a dormir, si no mañana no habrá quien me levante.

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Lo que no se ve

Todos somos encantadores un ratito al día, sobre todo cuando el pan nuestro de cada día viene del comercio. No es de extrañar que los comerciales tengan fama de mentirosos, porque lo cierto es que tienen mil caras y se ponen, ante el comprador, la que éste necesita, como en “La mitad del cielo”, donde Angela Molina es aleccionada por Fernando Fernán Gómez en esos menesteres, cuando, como Rosa, consigue un puesto de carnicera en un mercado. Así Rosa se convirtió en vendedora (de carne) y actriz, es decir: comercial.

Esto no quiere decir que todos los comerciales sean malas personas o mentirosos compulsivos, aunque un buen comercial es un buen manipulador, porque cuando te enfrentas con ellos, estás desarmada y eres incapaz de decir que “NO”; claro que los buenos comerciales atraen a la gente que está predispuesta al “SI” y a ser manipulada porque tienen gran necesidad de agradar y quedar bien. Y además, a que negarlo, suelen ser personas muy carismaticas y deslumbrantes, por las que no se puede evitar sentir atracción (a pesar de la vocecita interior que nos advierte: “No te fíes…”) y son duras, porque de alguna manera, a un nivel inconsciente intuyen lo que necesitamos (saben que queremos ser manipulados, en una necesidad infantil de que otro se ocupe de nosotros, nos cuide y nos de lo que necesitamos) y nos lo dan, perdón nos lo “venden”, y nosotros compramos porque, ¿Cómo no vamos a comprar algo que necesitamos?

En fin, la cuestión es que TODOS SOMOS COMERCIALES, porque todos vendemos algo a otras personas, no necesariamente objetos, muchas veces innecesarios; la mayoria de las veces vendemos nuestros incomparables servicios: de limpieza, de soldadura…. de lo que sea. Otras veces vendemos comprensión y esperanza, o utópicas ideologías, o mundos mejores que este en el que vivimos. Pero esta es la “Máscara de las mil caras” y no deja de ser una más en nuestro amplio repertorio de máscaras, pues cuando estamos trabajando nos ponemos esa, cuando estamos con nuestros amigos, nos ponemos otra diferente y nos convertimos automaticamente en otra persona totalmente distinta, cuando estamos con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestros padres…. Todos son máscaras y detrás de todas estas máscaras sigue estando la misma persona lo cúal nos lleva a la pregunta: ¿Debajo de todas esas máscaras qué hay? Porque está claro que sea cual sea la careta que nos pongamos en cada momento, o la actitud que mantegamos, o el comportamiento que usemos, según la gente que nos rodee y el contexto en el que nos encontremos, seguimos siendo una unidad, entonces: ¿Cuándo nos quitamos todas las máscaras?¿Lo hacemos realmente alguna vez? Y, si llegamos a hacerlo ¿Qué es lo que queda? Supongo que en esas circunstáncias lo que queda es el YO desnudo, pero no se puede describir, porque no tiene adjetivos, quiero decir que en el momento que se pasa a describir a una persona la describimos en una situación y contexto y cuando es el YO desnudo, también está en una situación y contexto, entonces: ¿Es otra máscara el YO?

Todo esto es muy confuso… Creo que tengo que pensarlo un poco más.

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