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Tarot y videncia

Una conocida meiga gallega decía que videntes somos todos, salvo los invidentes que no ven; entonces añadía que el tarot, la baraja española, las runas, incluso la lectura de manos no era más que un instrumento para canalizar la información contenida en el inconsciente colectivo o, más concretamente, en el inconsciente del consultante.

No le gustaba la palabra vidente, tal como está definida en el diccionario: “Persona que pretende adivinar el porvenir o esclarecer lo que está oculto”; o”Persona que tiene visiones sobrenaturales o que están fuera de lo que se considera común”; si no que hablaba de canales de información y del instrumento que conecta lo visible con lo invisible; aunque estaba de acuerdo en que no todo el mundo puede desempeñar este trabajo, pues no todo el mundo posee esa percepción especial, o no la han trabajado. Sin embargo, curiosamente, y en eso coinciden todos los profesionales del ramo, las cartas siempre hablan, no es necesario tener capacidades especiales ya que las cartas, de por si ya cuentan su historia y el inconsciente del consultante siempre hace la elección acertada.


También insitió siempre en que los videntes, tal como son definidos, no por el diccionario, si no por la gente, no existen, ya que, según su escuela, siempre es necesario un instrumento para canalizar la información, bien sea el tarot o la bola de cristal; el vidente que sin más ni más “adivina” el futuro, el pasado o el presente era objeto de su desprecio y entendía que ese tipo de personas son las que desprestigian la profesión. 


Si bien en este último caso, no hay que perder la perspectiva, puesto que sí existe el tipo de persona perceptiva que te mira a los ojos y es capaz de decirte hasta donde tienes ese antojo que no se comió tu madre cuando te llevaba en el vientre; lo que sucede con estas personas es que usan tus ojos como instrumento de canalización, como bolas de cristal vivas; pues un instrumento de canalización no es más que un objeto en el que la persona perceptiva concentra su mente para recibir y transmitir la información contenida en el inconsciente del consultante. Como consecuencia directa de esto cualquier objeto puede ser usado para la interpretación, baste con que el “vidente” sea capaz de concentrar su mente en ese objeto; lo cual también lleva a pensar que dicho objeto incluso pudiera ser imaginario, pero esto ya es pura especulación.

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