Sin catalogar

Lo que no se ve

Todos somos encantadores un ratito al día, sobre todo cuando el pan nuestro de cada día viene del comercio. No es de extrañar que los comerciales tengan fama de mentirosos, porque lo cierto es que tienen mil caras y se ponen, ante el comprador, la que éste necesita, como en “La mitad del cielo”, donde Angela Molina es aleccionada por Fernando Fernán Gómez en esos menesteres, cuando, como Rosa, consigue un puesto de carnicera en un mercado. Así Rosa se convirtió en vendedora (de carne) y actriz, es decir: comercial.

Esto no quiere decir que todos los comerciales sean malas personas o mentirosos compulsivos, aunque un buen comercial es un buen manipulador, porque cuando te enfrentas con ellos, estás desarmada y eres incapaz de decir que “NO”; claro que los buenos comerciales atraen a la gente que está predispuesta al “SI” y a ser manipulada porque tienen gran necesidad de agradar y quedar bien. Y además, a que negarlo, suelen ser personas muy carismaticas y deslumbrantes, por las que no se puede evitar sentir atracción (a pesar de la vocecita interior que nos advierte: “No te fíes…”) y son duras, porque de alguna manera, a un nivel inconsciente intuyen lo que necesitamos (saben que queremos ser manipulados, en una necesidad infantil de que otro se ocupe de nosotros, nos cuide y nos de lo que necesitamos) y nos lo dan, perdón nos lo “venden”, y nosotros compramos porque, ¿Cómo no vamos a comprar algo que necesitamos?

En fin, la cuestión es que TODOS SOMOS COMERCIALES, porque todos vendemos algo a otras personas, no necesariamente objetos, muchas veces innecesarios; la mayoria de las veces vendemos nuestros incomparables servicios: de limpieza, de soldadura…. de lo que sea. Otras veces vendemos comprensión y esperanza, o utópicas ideologías, o mundos mejores que este en el que vivimos. Pero esta es la “Máscara de las mil caras” y no deja de ser una más en nuestro amplio repertorio de máscaras, pues cuando estamos trabajando nos ponemos esa, cuando estamos con nuestros amigos, nos ponemos otra diferente y nos convertimos automaticamente en otra persona totalmente distinta, cuando estamos con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestros padres…. Todos son máscaras y detrás de todas estas máscaras sigue estando la misma persona lo cúal nos lleva a la pregunta: ¿Debajo de todas esas máscaras qué hay? Porque está claro que sea cual sea la careta que nos pongamos en cada momento, o la actitud que mantegamos, o el comportamiento que usemos, según la gente que nos rodee y el contexto en el que nos encontremos, seguimos siendo una unidad, entonces: ¿Cuándo nos quitamos todas las máscaras?¿Lo hacemos realmente alguna vez? Y, si llegamos a hacerlo ¿Qué es lo que queda? Supongo que en esas circunstáncias lo que queda es el YO desnudo, pero no se puede describir, porque no tiene adjetivos, quiero decir que en el momento que se pasa a describir a una persona la describimos en una situación y contexto y cuando es el YO desnudo, también está en una situación y contexto, entonces: ¿Es otra máscara el YO?

Todo esto es muy confuso… Creo que tengo que pensarlo un poco más.

La larga espera

¿A que parece el título de un libro? Pues no es un título de un libro, el único qu ese me ocurre, que se le parezca sería “La larga marcha” del gran King.

Pero no es de libros de lo que quiero hablar. En realidad, hoy es uno de esos días que estás haciendo tiempo hasta que sea la hora bruja y me acuerdo de que tengo un blog sin actualizar desde el año de la polca, y vaya, que ya toca… En pocas palabras: La vida sigue igual, como en la canción de Iglesias, jajaja, hoy va de citas.

De todas formas ya que estamos, puedo comentar el libro que se haya en mi poder ultimamente, y tengo que añadir, que es magnifico, en esta ocasión la crítica no me ha decepcionado. Se trata de “La historia de Lisey” del gran King y tengo que decir que es muy buena, de la calidad de “It” o “Rose Mader”; la cogí con cierto recelo, despues de “La chica que amaba a Tom Gordon” y “Cazador de Sueños”, las cuales fueron muy alabadas por la crítica, pero que a mi me dejaron totalmente indiferente y, ciertamente, bastante decepcionada, sobre todo “Cazador de Sueños”, que incluso me aburrió y empece a pensar que Stephen había perdido su don y tenía que recurrir a las mismas historias de siempre y, encima poco elaboradas…. Porque si algo me ha cautivado siempre de Stephen es su forma de dar vida a cada personaje y a cada situación. Ciertamente creí que había perdido a mi escritor favorito, pero veo que no y me alegro.

No obstante, sigo buscando quien me pase “Sortilegio” de Clive Barker. Lo leí en el instituto, me encanto, pero ya lleva años descatalogado y no hay manera de encontrarlo en las librerias; tampoco lo he encontrado en el Emule….

En fin, ya son las 12.

Por la zorra

Así como los zorros huyen, al verse sorprendidos en el gallinero robando huevos, así huí yo el sabado de la inauguración a la que me invitaron: con el rabo entre las piernas, como un ladrón pillado en flagrante delito, como el tonto de la pelicula que no sabe donde meterse… Es que, a veces, una se vuelve idiota, y no veas la que lía sin darse ni cuenta; una casi tan gorda como cuando Dani y Brais se escondieron en la nevera de Frutas Sol, pero esa es otra historia.

Bien, la cuestión es que me invitaron a la inauguración de una tienda, y allá me fuí en la mejor de las disposicones, que no eran muy buenas, precisamente, ese día, con toda la ilusión a ver la tienda nueva. Muy bonita, por cierto, enorme y con muchos objetos bellos, me lleve dos campanitas y una bola de obsidiana negra (creo), muy chula.

Me paseé por la tienda un rato, hasta que me sentí medianemente aclimatada, porque hasta ese momento, momento en que encontré la bola, me sentía totalmente fuera de lugar, y me fui feliz, como una perdiz, y contenta, como una niña con zapatos nuevos, a pagar mis compras. Y en la caja me encontré con una chica a la que asusté, sin pretenderlo, y me afligí tanto, que me dió por llorar, mientras medio mundo me miraba y la pobre Lola pensaba qu elloraba porque no me habían hecho el 10% de descuento… Total que se fué a llamar al dueño, que pacientemente desglosó la factura para mi, mientras yo insistía en que no lloraba por eso y, lo cierto, es que hace 20 años hubiese llorado por el dinero; recuerdo cierta excursión de fin de curso… Pero esa es otra historia.

La cuestión es que despues de ese ridiculo tan espantoso se me quitó el hambre y sólo tenía ganas de salir de allí, y haciendo acopio de valor y de Conchi, quién lo iba a decir, esperé pacientemente hasta que todo el mundo se halló reunido alrededor de la gran mesa, degustando los multiples manjares dispuestos para la ocasión, y me escapé ladinamente, por la zorra, sin despedirme de nadie.

Benditas gafas de sol, que me resguardaron todo el camino de vuelta a casa; por lo menos me fui con mi bola negra.

Cuentito

“En la espuma del mar hay unas estancias, donde puedes sentarte en bancos de agua y observar los peces a través de las paredes verdes del mar. No hay puertas en estas habitaciones y sólo puedes entrar rompiendo las olas.

Si te sientas en la orilla del mar y miras muy fijamente las olas, puedes ver estas estancias esmeraldas, llenas de luz y paz; claro que, para verlas, es importante ser pequeño y tener tres años; porque cuando creces, las olas te dan por las rodillas y no alcanzas a ver nada más que la blanca espuma enroscándose en la arena, en dulce vaivén. Y para encontrar esas estancias mágicas, has de volver la mirada al cielo nocturno y encontrarlas en el océano del firmamento, dónde todo es inmenso y, nunca, nunca, por mucho que crezcas, te queda pequeño”.

¿Qué haces cuando te quedas sin chocolate (del blanco) y te queda media cajetilla de cigarros?

Pues escribes en tu blog, evidentemente. Aunque, la cuestión es que tampoco tengo mucho que contar, salvo que estoy un poco cansada y nerviosilla con todas la idas y venidas entre bancos y gestoria… Pero ya falta poco para que todo esté perfecto y marchando viento en popa a toda vela.

Hecho de menos a la pandilla, esos crapulillas algo insulsos que a mi me resultaban tan encantadores. Aunque ahora he hecho amistad con la vecina de enfrente que tiene dos crios pequeños encantadores, y por lo menos ya hay un adulto en mi vida con quien departir de vez en cuando. Es una persona muy maja, muy franca, con uno de esos rostros limpios, claros, sin maldad, aunque fuerte.

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