Promethea

Este es mi perfil:soy Promethea, nací el 30 de Enero de 1973, en el año de la Rata de agua, bajo el signo de acuario, en Vigo, Pontevedra, España. Estos son mis intereses: Yo, la familia, el trabajo, los amigos y de ahí para el norte… Mis películas favoritas son: La princesa prometida, Lady Halcón, Practicamente magia, Willow, piratas del Caribe. Y estos son mis libros favoritos: Las nieblas de Avalon, Sortilegio, El arte de amar, Promethea (novela gráfica) Además de este blog, tengo otro casi igual y anterior en blogspot, llamado "El muro de Promethea", llevo la página de Reiki de Brujas de Askani y soy webmaster de esta última. También colaboro en la página asmeigas.es, por lo menos de momento...

Los Elefantes, vida y costumbres 3

Los Elefantes, vida y costumbres 2

Los Elefantes, vida y costumbres 1

La historia del Lobo Feroz 9

PARTE IV

Sin embargo, el lobo feroz no entendía nada, la corriente del río, un poco fuerte allí, lo arrastró rio abajo a él y a las piedras de su estómago para escupirlo en un remanso poco profundo. Allí el lobo, tomo aire, pues casi se había ahogado y como iba muy mareado, le dieron ganas de vomitar y, una a una, vomitó todas las piedras, que la buena de mamá cabra le había metido en el estómago. Fue entonces cuando reparó en la enorme cicatriz de su vientre y viendo su reflejo en el río se entristeció mucho porque estaba lleno de cicatrices y moretones y su aspecto, lejos de ser feroz, era muy lastimero.

Entonces comenzó a aullar desconsolado pensando en que ya no le quedaba otra que volverse vegetariano o seguir comiendo carroña, cuando escucho, no lejos de allí unas ramitas partirse y unos llantos apagados, y su curiosidad pudo más que él, por lo que se acercó despacito para no ser visto ni oido a la fuente de los sonidos y en un claro del frondoso y tenebroso bosque vió un altar dónde habían colocado una urna de cristal, con una hermosísima muchachita dentro, de negros cabellos, piel blanquísima y labios del color de la sangre. Alrededor de la urna, siete enanitos lloraban desconsolados, mesandose los cabellos, y era tal la pena que tenían y era tal la pena que tenía el propio lobo, que comenzó a ahullar uniendose a los llantos de los enanos.

Y sucedió que al elevar su aullido al cielo, el lobo alcanzó a ver una sombra en el borde del claro, al otro lado de donde él se encontraba y, como ya no tenía nada que perder, muerto de hambre y harapiento como estaba, perdido su orgullo y compostura, hacia allá se fué el lobo suavecito, suavecito, porque el lobo pierde el rabo, pero no las mañas. Y he aquí que se encuentra siguiendo a una vieja zarrapastrosa, más fea que un cuerno, la cual porta una cesta de manzanas rojas y rie con salvajes y estridentes carcajadas. Sin pensarlo dos veces, a pesar de lo poco apetecible que parecía la vieja, sabiendo que no tendría mejor oportunidad que esta de hacer una comida caliente, se lanzo sobre ella abriendo sus enormes fauces y se la trago de un bocado. Acto seguido huyó de alli, no fuera a ser que los enanitos fueran por él y le obligaran a vomitar a la vieja, o peor aún, volvieran a abrirle la tripa y llenársela de piedras.

Ni que decir tiene que despues de esta comida, el lobo se sintió completamente empachado, pues se había comido nada más ni nada menos que a la malvada reina disfrazda de vieja, y dicen que todavía está haciendo la digestión junto al río, tumbado a los pies de un árbol.

FIN

La historia del Lobo Feroz 8

PARTE III.2

El pobre lobo feroz, que de feroz nada, sólo hambriento, aunque esta vez ya tenía el estómago lleno, no se enteró cuando la madre de los cabritos le rajo la barriga y estrajo uno a uno a sus seis hijos, ya que el septimo, al haberse escondido en el reloj de pared de la casa, se había salvado y contándoselo todo a su madre. Pero la buena cabra, no contenta con vaciar el estómago del lobo, quiso darle una lección y le llenó la tripa con enormes cantos rodados que sus hijitos recogieron a la orilla del río. Luego, le cosió la tripa al lobo y se escondió con sus hijos a observar que sucedía.

Y sucedió que el lobo se despertó con una sed atróz, porque si comes mucho te da sed, si encima son piedras, ni te cuento. Chasqueando su lengua reseca se levanto a duras penas pues la barriga le pesaba muchísimo, cosa que le extraño, pero a la que no dió importancia, recordemos que no se caracterizaba por su inteligencia, se inclinó sobre el rio para beber y el peso de las piedras tiró de él hacia el fondo.
Los cabritos y su madre salieron de su escondite alborozados gritando y cantando que se habían deshecho del malvado lobo feroz.

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